Un almacén como forma de disputar sentido

Ingresar al local de la Cooperativa de Comunicación Huvaití y la cooperativa Cecopaf de la Red de Alimentos Cooperativos, en Moreno 945, CABA, no es únicamente adentrarse en un universo de aromas y sabores exquisitos, sino también ser parte de una comunidad de prácticas, saberes, historias de vida, de lucha y de trabajo de miles de pequeños productores y productoras de cooperativas, de  la agricultura familiar, la economía popular, social y solidaria de todas las regiones del país que trabajan a diario de forma silenciosa –y silenciada por la peligrosa alianza de medios de (in)comunicación y corporaciones alimenticias– pero con la alegría de saberse parte de formas de vida artesanales que proponen una alternativa al desamparo de una globalización excluyente y contaminante actual.

Por ello, este espacio de comercialización que abrió sus puertas el 28 de diciembre de 2021 es tan especial. No solo porque se trata del cuarto local de la Red de Alimentos Cooperativos en Buenos Aires –una red de cooperativas de alcance nacional que promueve la agroecología, la producción, industrialización y comercialización de alimentos sanos–, sino además porque es el primer almacén de la economía cooperativa, social y solidaria que funciona en pleno microcentro porteño y, como si fuera poco, es gestionado también por una cooperativa de comunicación.

Miguela Varela, integrante de la Red de Alimentos Cooperativos, explica qué tiene de diferente el almacén del barrio de Monserrat: “Creo que es la primera vez que algo así sucede, en términos de comunicación; siempre los espacios están a cargo de cooperativas de comercialización o de producción. Y esto me parece importante porque claramente para la cooperativa Huvaití la comercialización es una forma de comunicar una idea”.

En este sentido, pensar la comercialización de productos de la economía cooperativa, social y solidaria en términos comunicacionales implica contar las historias que hay detrás de cada producto, como así también develar los procesos de producción –algo que las corporaciones alimenticias no están dispuestas a hacer– y mostrar el modo en que cada productor y productora aporta desde su trabajo a la mejora en las condiciones de vida de las poblaciones, al cuidado del medio ambiente y al desarrollo de cada región.

Para Miguela Varela, cada espacio de la Red, “incluido este de Moreno 945,  es un lugar donde uno le puede contar la historia de los productos y los productores a los consumidores, no solamente un espacio de intercambio entre productos y dinero, sino que también es contar quiénes son los que están detrás de cada producto, cómo se construye ese precio, quiénes son las familias, cuántos son, de dónde vienen, por qué producen lo que producen. Eso es lo que creemos que hace la diferencia del espacio. Es un lugar de comercialización, pero también comunicar y de disputar la idea de la producción y la comercialización  de alimentos”.